¿La forma en la que educas a tu hijo es la correcta?

Por: Mourad Saidi Tallal

En alguna ocasión, seguro que nos hemos preguntado si la forma en la que estamos educando a nuestros hijos es la adecuada y, antes de responder a esta cuestión, comenzaremos con la definición de educación. La Real Academia de la Lengua Española define “educación” como crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes. Viendo esta acepción, podemos concluir que la educación va más allá de la enseñanza de conocimientos y se adentra en los valores y formas de proceder y de comportamiento. En este sentido, la familia juega un papel privilegiado y crucial, puesto que es el entorno primario de socialización de un niño. No cabe duda que los padres son agentes claves para cimentar el sistema de creencias y valores sobre los que su vástago se desarrollará y entenderá el mundo que le rodea.

Cada familia educa a sus hijos de una forma u otra, pudiendo establecerse cuatro estilos educativos bien diferenciados:

  1. Autoritario. Los padres con este estilo se caracterizan por imponer a los niños reglas rígidas y sin explicar el por qué, exigirles demasiado, ser poco afectivos con ellos, no se comunican de forma efectiva con sus hijos, se usa el castigo para conductas inadecuadas. En resumen: alta exigencia y poco afecto.
  2. Permisivo. Este estilo educativo es lo contrario al autoritario. Los padres permisivos ceden a los intereses y deseos del niño, son muy afectuosos con ellos pero muy poco exigentes con el cumplimiento de las normas. En la educación de sus hijos no utilizan ni premios ni castigos. En resumen: alto afecto y poca exigencia.
  3. Negligente. Los padres con estilo negligente no se implican apenas en la educación de sus hijos, se mantienen fríos y distantes con ellos y no atienden de manera adecuada las necesidades del niño. A veces castigan a los hijos de forma desproporcionada y sin explicar el motivo de ello. En resumen: poco afecto y poca exigencia.
  4. Democrático. Los padres que emplean este estilo educativo se muestran muy cálidos y afectuosos con sus hijos a la vez que les exigen el cumplimiento de las normas. Se comunican de forma eficaz y comprensiva, al mismo tiempo que ponen límites. Las normas suelen ser coherentes y bien explicadas. En resumen: alto afecto y alta exigencia.

Sin duda, el estilo más adecuado y recomendable es el democrático, pues tiene un equilibrio perfecto entre afecto y control, utilizando el razonamiento y el diálogo como herramienta de educación. Como resultado, los hijos son socialmente más competentes, responsables y seguros.

Estos estilos educativos no son compartimentos estancos, unos mismos padres pueden oscilar entre más de uno, pero el que utilizan de una manera más generalizada es el que los define.

Como dijo Abigail Van Buren, “si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles alguna responsabilidad sobre los hombros”. Si a esta frase le añadimos afecto y cariño, habremos dado en el clavo.




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